"Es inevitable: hacia los treinta años, en medio de los nervios juveniles que aún perduran, aparece la primera linea helada de congelación sobre las mas altas cimas de nuestra alma. Llegan a nuestra experiencia las primeras noticias directas del frío moral. Un frío que no viene de fuera, sino que nace de lo mas íntimo y desde allí envía al resto del espíritu un efecto extraño, que mas que nada se parece a la impresión producida por una mirada quieta sobre nuestra persona.
No es aún tristeza, ni es amargura, ni es todo melancolía lo que suscitan los treinta años, es la Bohemia de la vida. Un imperativo de verdad y una repugnancia atrayente hacia lo fantasmagórico. Por eso, es la edad en que dejamos de ser lo que nos han enseñado, lo que hemos recibido de la familia, de la escuela, o cualquier lastre parecido.
Nuestra voluntad gira en redondo, hasta entonces habíamos querido ser lo que creíamos mejor: el héroe que la historia ensalza, el personaje romántico que la novela idealiza, el justo que la moral recibida nos pone como norma. Ahora, de pronto, sin dejar quizá de creer que todas esas son para el resto las mejores, empezamos a querer ser nosotros mismos, dándonos cuenta de nuestros nefastos defectos. Queremos ser, ante todo, la verdad de lo que somos, no un rubor de lo que nos dijeron que teníamos que ser de pequeños. Y muy especialmente nos resolvemos a poner bien en claro qué es lo que sentimos del mundo. Nos surge a algunos el auténtico pensamiento crítico tan necesario, y tan poco probable; rompiendo entonces sin conmiseración la costra de opiniones y pensamientos recibidos, interpelamos a cierto fondo insobornable que es el morir."
José Ortega y Gasset. "El espectador"
miércoles, 21 de marzo de 2012
martes, 6 de marzo de 2012
Chamán de la llanura oriental
En tierra kazaja, pienso instalar mi dictadura del placer,
mandaré construir una inmensa mansión y una aldea que merodee.
Éste landia se asienta sobre cien millas de tierra fértil,
y el suelo es todo musgo, no se avista nada duro,
los árboles hacen llover, caer desde las puntas de sus hojas,
litros de sangre de cordero.
Mi mansión es de plata y soleada, y ahí desde donde mis siervos,
bajo el yugo del amor, están atados por linaje.
En invierno la tierra vive, emanan leche los humedales,
aparecen plantas que pintan paisajes,
reaparece la cosecha, las flores que cuelgan, las lianas, los cactus del tamaño de un coyote.
Los niños corren muy despacio y aprenden a nadar con los animales de la mano,
las mujeres aparecen de pronto por el profundo bosque, te eligen y te casan consigo.
Se van, cuando vuelven a meterse en el profundo bosque, ya mayores. Son mujeres altas
morenas y con la tez oscura y los ojos de china y el pecho grande y con su eterna curva.
El frio, el aire seco congela y agrieta la universalidad,
nada te protege del ruido del viento, es dura la vida en Kazajland.
Los rinos, los vatros y todos los vienedés mudan sus pieles gruesas en otoño
para nuestro resguardo, piden a cambio sólo amor en ésos duros meses.
Así dos mil años siguiendo la doctrina del chamán, gran kahn de ésta llanura.
Lo que se bebe es el te de Guirmat, produce mas visión que las flores verdes.
mandaré construir una inmensa mansión y una aldea que merodee.
Éste landia se asienta sobre cien millas de tierra fértil,
y el suelo es todo musgo, no se avista nada duro,
los árboles hacen llover, caer desde las puntas de sus hojas,
litros de sangre de cordero.
Mi mansión es de plata y soleada, y ahí desde donde mis siervos,
bajo el yugo del amor, están atados por linaje.
En invierno la tierra vive, emanan leche los humedales,
aparecen plantas que pintan paisajes,
reaparece la cosecha, las flores que cuelgan, las lianas, los cactus del tamaño de un coyote.
Los niños corren muy despacio y aprenden a nadar con los animales de la mano,
las mujeres aparecen de pronto por el profundo bosque, te eligen y te casan consigo.
Se van, cuando vuelven a meterse en el profundo bosque, ya mayores. Son mujeres altas
morenas y con la tez oscura y los ojos de china y el pecho grande y con su eterna curva.
El frio, el aire seco congela y agrieta la universalidad,
nada te protege del ruido del viento, es dura la vida en Kazajland.
Los rinos, los vatros y todos los vienedés mudan sus pieles gruesas en otoño
para nuestro resguardo, piden a cambio sólo amor en ésos duros meses.
Así dos mil años siguiendo la doctrina del chamán, gran kahn de ésta llanura.
Lo que se bebe es el te de Guirmat, produce mas visión que las flores verdes.
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