viernes, 24 de febrero de 2012
El síndrome del siglo de oro, eso es mi padre. Se dice que ésta enfermedad se padece cuando el paciente siente que sería mas feliz viviendo en una época histórica distinta a la suya.
Mi padre, aunque vivo, que en gloria esté, sufre de éste mal. No es que por ser un apasionado de la historia yo me confunda, no es que exagere mis impresiones por la edad que me maltrata, es que, mira al pasado sólo cuando quiere llenarse de felicidad.
No tiene la capacidad de llenarse con el tiempo en el que vive.
Tenemos la tecnología, los viajes a la luna, tenemos los dinosaurios, tenemos la fe y la inquisición, tenemos los libros, los idiomas y el flamenco. Todo esto, y quizá mas, lo tenemos gracias a la historia, si. Pero también lo tenemos porque nadie se planteó en su tiempo si era mejor el pasado, nadie quiso voluntariamente retroceder en la evolución JAMÁS, sólo se recordaba con añoranza. Citando un verso de Jorge Manrrique: "recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando, cuán presto se va el placer, cómo después de acordado da dolor, cómo a nuestro parecer cualquier tiempo pasado fue mejor."
(Indar Jorge)
Quizá pensemos de la forma de los románticos, y quizá creamos que el aire mas puro no es el de nuestros días, y quizá hasta eso sea cierto, pero no es sino ahora, cuando podemos cambiarlo todo, reinventar la forma de querer evolucionar, pensando en el pasado, sí pero con el futuro como único compromiso, pues no puede ser de otra forma.
Seamos realistas, lo único a lo que nos vamos a enfrentar es al futuro, el pasado ya no.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario