esBohemia
viernes, 18 de mayo de 2012
Qué me queda, si me miro al bolsillo y cuento con dos amigos y ningún tesoro?
Amo a quién desea no serlo y hablo cuando la gente calla, vivo en un país de complacientes siendo un protestón.
Éste país está en la base de mi ser, aquí el listo es el tramposo y el bueno es el cristiano, los que mandan lo valen, pero nadie se atreve a demostrarlo.
Mis peores enemigos son mi sombra y los espejos.Al dinero ya le he ganado.
pobre país visceral que me trae por la calle de la melancólica.
lunes, 2 de abril de 2012
El odio creciente con los años
Quiero elevar una queja
contra los ancianos, (y sus garrotes) ésos que se piensan que todavía estamos en la
época de posguerra y que avasallan allá por donde van como si les
fuese el pan de su familia en ello. Son personas sin respeto, y lo
peor de todo, es que son unos mentirosos, exagerados de una vida de
penurias en la que no han hecho nada por cambiarla. Obviamente me refiero
sólo a aquellos que se sienten identificados, no todos nuestros
mayores son tan cabrones.
Recuerdo el otro día, por
poner un ejemplo, que estaba en la cola del autobús. Claramente
estábamos en fila esperando a subir cuando una rechoncha mujer de
unos 70 años decidió saltarse el orden y subir sin descaro, no era
la primera vez que nos lo hacía, y no porque sea una persona mayor
me voy a tener que callar, ¡que coño!. Cuando le dije que por favor
guardase la cola como hace todo el mundo me contestó de muy mala
educación un refunfuño que ni ella misma entendió. Así son, no
tienen ni dos dedos de frente. Que descarados, si por lo menos fuesen
superiores en algo...pero me temo que esta venerable anciana no ha
dado un palo al agua en su vida, ni se ha parado a pensar el porqué
tié que vivir del dinero de su marido mientras ella limpia la casa,
no seamos una sociedad hipócrita, esas mujeres mayores son el
segmento mas machista de toda la población. PROTESTO ANTE ELLO.
miércoles, 21 de marzo de 2012
Es a los 30 años, cuando aparece la Bohemia por nuestras vidas, entonces ya no comes, no hablas...sólo lees y amas.
"Es inevitable: hacia los treinta años, en medio de los nervios juveniles que aún perduran, aparece la primera linea helada de congelación sobre las mas altas cimas de nuestra alma. Llegan a nuestra experiencia las primeras noticias directas del frío moral. Un frío que no viene de fuera, sino que nace de lo mas íntimo y desde allí envía al resto del espíritu un efecto extraño, que mas que nada se parece a la impresión producida por una mirada quieta sobre nuestra persona.
No es aún tristeza, ni es amargura, ni es todo melancolía lo que suscitan los treinta años, es la Bohemia de la vida. Un imperativo de verdad y una repugnancia atrayente hacia lo fantasmagórico. Por eso, es la edad en que dejamos de ser lo que nos han enseñado, lo que hemos recibido de la familia, de la escuela, o cualquier lastre parecido.
Nuestra voluntad gira en redondo, hasta entonces habíamos querido ser lo que creíamos mejor: el héroe que la historia ensalza, el personaje romántico que la novela idealiza, el justo que la moral recibida nos pone como norma. Ahora, de pronto, sin dejar quizá de creer que todas esas son para el resto las mejores, empezamos a querer ser nosotros mismos, dándonos cuenta de nuestros nefastos defectos. Queremos ser, ante todo, la verdad de lo que somos, no un rubor de lo que nos dijeron que teníamos que ser de pequeños. Y muy especialmente nos resolvemos a poner bien en claro qué es lo que sentimos del mundo. Nos surge a algunos el auténtico pensamiento crítico tan necesario, y tan poco probable; rompiendo entonces sin conmiseración la costra de opiniones y pensamientos recibidos, interpelamos a cierto fondo insobornable que es el morir."
José Ortega y Gasset. "El espectador"
No es aún tristeza, ni es amargura, ni es todo melancolía lo que suscitan los treinta años, es la Bohemia de la vida. Un imperativo de verdad y una repugnancia atrayente hacia lo fantasmagórico. Por eso, es la edad en que dejamos de ser lo que nos han enseñado, lo que hemos recibido de la familia, de la escuela, o cualquier lastre parecido.
Nuestra voluntad gira en redondo, hasta entonces habíamos querido ser lo que creíamos mejor: el héroe que la historia ensalza, el personaje romántico que la novela idealiza, el justo que la moral recibida nos pone como norma. Ahora, de pronto, sin dejar quizá de creer que todas esas son para el resto las mejores, empezamos a querer ser nosotros mismos, dándonos cuenta de nuestros nefastos defectos. Queremos ser, ante todo, la verdad de lo que somos, no un rubor de lo que nos dijeron que teníamos que ser de pequeños. Y muy especialmente nos resolvemos a poner bien en claro qué es lo que sentimos del mundo. Nos surge a algunos el auténtico pensamiento crítico tan necesario, y tan poco probable; rompiendo entonces sin conmiseración la costra de opiniones y pensamientos recibidos, interpelamos a cierto fondo insobornable que es el morir."
José Ortega y Gasset. "El espectador"
martes, 6 de marzo de 2012
Chamán de la llanura oriental
En tierra kazaja, pienso instalar mi dictadura del placer,
mandaré construir una inmensa mansión y una aldea que merodee.
Éste landia se asienta sobre cien millas de tierra fértil,
y el suelo es todo musgo, no se avista nada duro,
los árboles hacen llover, caer desde las puntas de sus hojas,
litros de sangre de cordero.
Mi mansión es de plata y soleada, y ahí desde donde mis siervos,
bajo el yugo del amor, están atados por linaje.
En invierno la tierra vive, emanan leche los humedales,
aparecen plantas que pintan paisajes,
reaparece la cosecha, las flores que cuelgan, las lianas, los cactus del tamaño de un coyote.
Los niños corren muy despacio y aprenden a nadar con los animales de la mano,
las mujeres aparecen de pronto por el profundo bosque, te eligen y te casan consigo.
Se van, cuando vuelven a meterse en el profundo bosque, ya mayores. Son mujeres altas
morenas y con la tez oscura y los ojos de china y el pecho grande y con su eterna curva.
El frio, el aire seco congela y agrieta la universalidad,
nada te protege del ruido del viento, es dura la vida en Kazajland.
Los rinos, los vatros y todos los vienedés mudan sus pieles gruesas en otoño
para nuestro resguardo, piden a cambio sólo amor en ésos duros meses.
Así dos mil años siguiendo la doctrina del chamán, gran kahn de ésta llanura.
Lo que se bebe es el te de Guirmat, produce mas visión que las flores verdes.
mandaré construir una inmensa mansión y una aldea que merodee.
Éste landia se asienta sobre cien millas de tierra fértil,
y el suelo es todo musgo, no se avista nada duro,
los árboles hacen llover, caer desde las puntas de sus hojas,
litros de sangre de cordero.
Mi mansión es de plata y soleada, y ahí desde donde mis siervos,
bajo el yugo del amor, están atados por linaje.
En invierno la tierra vive, emanan leche los humedales,
aparecen plantas que pintan paisajes,
reaparece la cosecha, las flores que cuelgan, las lianas, los cactus del tamaño de un coyote.
Los niños corren muy despacio y aprenden a nadar con los animales de la mano,
las mujeres aparecen de pronto por el profundo bosque, te eligen y te casan consigo.
Se van, cuando vuelven a meterse en el profundo bosque, ya mayores. Son mujeres altas
morenas y con la tez oscura y los ojos de china y el pecho grande y con su eterna curva.
El frio, el aire seco congela y agrieta la universalidad,
nada te protege del ruido del viento, es dura la vida en Kazajland.
Los rinos, los vatros y todos los vienedés mudan sus pieles gruesas en otoño
para nuestro resguardo, piden a cambio sólo amor en ésos duros meses.
Así dos mil años siguiendo la doctrina del chamán, gran kahn de ésta llanura.
Lo que se bebe es el te de Guirmat, produce mas visión que las flores verdes.
lunes, 27 de febrero de 2012
de fronteras y cadenas
Nadie dijo que vivir era fácil, y menos aún con fronteras de por medio que me impiden el simple movimiento.
Las fronteras son uno de los peores inventos de la humanidad. Son barreras que nos ponemos para nuestro propio progreso, no dudemos que en el futuro quedarán libres, sin marcas las patrias.
Soy un visionario de mi propia visión, y os aseguro que cuando el hombre haya madurado lo suficiente como para evolucionar retrocediendo en el progreso, quedará entonces un mundo en fraternidad y sin líneas imaginarias.
sábado, 25 de febrero de 2012
viernes, 24 de febrero de 2012
El síndrome del siglo de oro, eso es mi padre. Se dice que ésta enfermedad se padece cuando el paciente siente que sería mas feliz viviendo en una época histórica distinta a la suya.
Mi padre, aunque vivo, que en gloria esté, sufre de éste mal. No es que por ser un apasionado de la historia yo me confunda, no es que exagere mis impresiones por la edad que me maltrata, es que, mira al pasado sólo cuando quiere llenarse de felicidad.
No tiene la capacidad de llenarse con el tiempo en el que vive.
Tenemos la tecnología, los viajes a la luna, tenemos los dinosaurios, tenemos la fe y la inquisición, tenemos los libros, los idiomas y el flamenco. Todo esto, y quizá mas, lo tenemos gracias a la historia, si. Pero también lo tenemos porque nadie se planteó en su tiempo si era mejor el pasado, nadie quiso voluntariamente retroceder en la evolución JAMÁS, sólo se recordaba con añoranza. Citando un verso de Jorge Manrrique: "recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando, cuán presto se va el placer, cómo después de acordado da dolor, cómo a nuestro parecer cualquier tiempo pasado fue mejor."
(Indar Jorge)
Quizá pensemos de la forma de los románticos, y quizá creamos que el aire mas puro no es el de nuestros días, y quizá hasta eso sea cierto, pero no es sino ahora, cuando podemos cambiarlo todo, reinventar la forma de querer evolucionar, pensando en el pasado, sí pero con el futuro como único compromiso, pues no puede ser de otra forma.
Seamos realistas, lo único a lo que nos vamos a enfrentar es al futuro, el pasado ya no.
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